lunes, 30 de mayo de 2011

La máquina y el médico de rodillera

Anochece en Madriz. Tengo la rodillas destrozadas de cargar cajas de botellas vacías de cerveza, y cuando hago esfuerzos extras ya me ha pasado que me da un dolor terrible, inmenso, inconmensurable cual universo en expansión. Quizá no tanto, pero me duele mucho, joder. Decidido, llamo mañana al ambulatorio para que me den hora para el médico.

Amanece en Madriz, llamo. Ajá, una máquina. Que diga mi numero de la Seguridad Social, me prepararé bien, abro y cierro la boca repetidas veces. Trago saliva. Ahora, ahora, vocaliza: XXXXXXX. No ha entendido. Bien bien. Bueno, a la segunda… tercera… cuarta va la vencida. No, después de estos 10 minutos de pruebas de una insensible máquina con aspiraciones de logopeda me pasan con un operador. Genial. No soy ludita pero creo que subcontratar una maquina a una empresa privada… no hablemos no hablemos. Un día de estos dominarán el mundo. Bien, mañana, tengo hora. Mañana, bendita palabra.

Allí estoy, rodeado de ancianos. Algún día yo también seré un anciano y me vendré aquí a pasar el rato, aquí y a las obras ¡Dios santo! Como me gusta opinar de las cosas que no se, y si uno es anciano lo respetan el doble. Tiempo al tiempo. Una hora después me llaman. Puntualidad española. Hurra.

¿Que le sucede?. Nada me siento fenomenal, excepto unos dolores terribles de rodillas cuando hago excesivo esfuerzo. ¿Se ha esforzado últimamente? No, amigo, trabajo lo menos posible para ver si con suerte me despiden y puedo rascarme los PIES mientras cobro del paro. Ah no, que no estoy contratado legalmente, no tengo paro. Vale, si, tiendo a esforzarme en el trabajo no vaya a ser que no me convierta en empleado del mes. Vaya, pues yo no puedo hacer nada, no le veo nada mal en las rodillas. Pienso yo, normal, es usted el médico de cabecera, usted sabrá de cabezas y eso, mándeme al de rodillas, a un especialista de rodillas, existen, los médicos estudiáis mucho, los de rodillas existirán. Médicos de rodilleras deberían llamarse. Bueno bueno, quizás sea precipitarse. Mire, tómese estos antiinflamatorios que lo destrozarán el estómago y estese quince días de reposo. Pero si estoy trabajando, no puede mandarme al médico de rodillera? Hay no, no. Eso es precipitarse Efectivamente. No nos precipitemos, no vaya a ser que usted no cobre comisión por ser de los más hijosdeputamédicos que por no mandar a sus pacientes a donde deben les dan un buen pellizco. Dios salve a Espe, porque como la pille yo por la calle me temo que deberé darla un besazo y agradecerla ser tan española.

Como me gusta Madriz, que excitante es Madriz, que sano es vivir en Madriz!

Valores nutricionales y otras advertencias


Madriz Madriz

Madriz no existe, Madriz es una ficción como tu y como yo. Por ello todo lo representado en este blog no debe ser asociado por similitudes a entes reales. No solo a la capital del Estado español, Madrid, ni a ninguna de las posibles calles, aceras, prostíbulos, heladerías y otros lugares de mala muerte que aquí se citen, y que puedan existir con el mismo nombre (casualidades se dan todos los días, hoy mismo me he encontrado un billete en una camisa, al empezar a achuchar el calor y haber sacado la ropa de verano). Tampoco las personas que puedan verse referenciadas son reales, de presidentas de la comunidad a señoras del metro. Ninguna, ninguna. Solo mi vecina, la señora Catalina, cuya aparición estelar era inevitable.

Con todo esto, lector, lectora, spamers y flooders. Pueden comenzar a leer (o no) este blog sin temer que si Madriz es un lugar real, allí pueda uno encontrarse con la fauna, flora y burbujas inmobiliarias que, sin duda alguna, en el Madrid real nunca han existido y las cuales aquí se retratan, más mal que bien.